Hoy más que nunca me doy cuenta de ello. A ya casi un año de estar legalmente divorciada y a 3 y cacho de ser independiente en muchos sentidos compruebo que todo cuesta en la vida.Yo quería ser libre y feliz y eso tenía un precio. Ahora no hay quien me mantenga o me dé una flor el 10 de mayo. No tengo quien de un rico masaje a mis pies o quien me animé en todo momento o lave los platos por mí cuando estoy realmente agotada. Ahora soy libre, pero tengo más responsabilidades, más gastos y mucho trabajo. Evidentemente no todo es malo y si bien es cierto que la vida que yo había soñado no se parece un poco a la que hoy tengo, no me quejo o evito hacerlo. Creo que me salí de ahí antes de perder la capacidad de ver la situación en la que estaba. Y aunque no era algo extremo, no era sano, no estaba a gusto y no me hacía feliz. Las heridas físicas y emocionales a la larga se curan, sanan. Pero nuestros hijos elegirán a la persona y crearán una relación con ella muy similar a la que vivieron en casa. Pagué un precio muy alto, pero valió la pena. Los ricos abrazos y los dulces besos del enano deseándome felíz día de las madres lo valen todo.










